Mostrando entradas con la etiqueta ficcion. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ficcion. Mostrar todas las entradas

martes, 16 de agosto de 2016

Notamos un Flash (I.3.10)



Parte I. Capítulo 3 (fragmento)

10

            Se bajó del mostrador, estremeciéndose al pisar sin querer la mano rígida y helada de uno de los camareros. Los Celtas Cortos habían dado paso a Sting. Era una mezcla de estilos algo cogida por los pelos, pero seguramente Javi Nieves también había tenido un día duro. I don't drink coffee, I take tea, my dear, decía la radio mientras el Pajas se agachaba aquí y allá y hurgaba en los bolsillos de los muertos, buscando algún paquete de tabaco. Encontró una cajetilla de Winston y se fue hacia la salida con el whisky y el tabaco, pero en el último momento retrocedió para llevarse también la radio.
El aparato crepitó y se llenó de interferencias mientras salía del local, pero volvió a tranquilizarse cuando se vio encima de una de las mesas del exterior. Uno de los clientes de la terraza –un hombre muy joven con traje, corbata y una camisa blanca lamentablemente arruinada por un cuajo de sangre– había dejado su chaqueta plegada encima de una silla. El Pajas la usó como toalla para secar la humedad de su propia silla. Se sentó mirando al frente, consciente de que la música le convertía en un blanco fácil; pero a plena luz del día, y con el martillo bien a la vista, suponía que los asaltantes se lo pensarían dos veces. A menos que estuvieran armados, reflexionó. O que se hubieran vuelto locos.
Tras unos instantes de duda se encogió de hombros y sonrió con fiereza. Si no veía clara la defensa, siempre le quedaba echar a correr. Al fin y al cabo, no podía pasarse toda la vida encerrado como un conejo en una madriguera.
Dio un primer trago de whisky, poniéndose mentalmente el límite en cinco o seis, y se relajó escuchando la música, fingiendo que a su alrededor no había pasado nada; que él era simplemente un millonario disfrutando de una mañana de otoño, tomándose un buen vaso de whisky mientras las acciones de sus empresas le llenaban la cuenta corriente del banco.
Sting dio paso a Another day in Paradise. Muy apropiado, pensó mientras se acomodaba en la silla y observaba el tráfico petrificado a unos metros de la terraza de la cafetería. Aquél había sido el cruce entre dos avenidas, y el marasmo de coches apretujados unos contra otros era impresionante. Aquí y allá se apreciaban huellas de incendios, que por suerte la tormenta de la noche anterior había logrado apagar a tiempo. Por un momento pensó qué estaría pasando en Murcia, o en Almería, donde no caía una gota de agua al año. Sin ser consciente de ello, había asumido ya que estaba en presencia de una catástrofe global, sin límites de provincias ni continentes. Suspiró con placidez, sintiendo el calor del whisky al bajar por su garganta, y se dejó llevar unos instantes por la música. Estiró las piernas y las colocó sobre la silla de enfrente. Luego encendió un cigarrillo y dejó vagar sus pensamientos.
Pasó Phil Collins, llegó Alphaville. Lo mejor de lo mejor. Con Javi Nieves daba gusto. Decidió esperar a que terminase aquella canción antes de ponerse en marcha. Tenía que volver al juzgado y darle a su madre el último adiós. Debía sacar de allí el cadáver aunque fuera para dejarla en la calle tapada por una sábana. Aquel edificio se había convertido en un pudridero oscuro y macabro y su madre no se merecía estar allí...
De repente sintió un escalofrío de terror. El fin del mundo, aquel pasmo generalizado que los había matado a todos como a chinches, se había producido sólo cinco o diez minutos después de que le sacaran del calabozo. De haberse retrasado su juicio, se habría quedado atrapado en su celda. Bajó los pies de la silla y se incorporó, sintiéndose muy agobiado de repente. Recordó de pronto al individuo que aporreaba la puerta del ascensor, emparedado en mitad del edificio porque se había ido la luz; miró a los edificios vacíos que flanqueaban la avenida y se preguntó en cuántos de ellos habría alguien atrapado.
            Alphaville se extinguió, eternamente joven, y dio paso a Billy Joel. Harry Truman, Doris Day, China Roja, Johnnie Ray... nosotros no empezamos el fuego, decía la canción; pero el fuego acababa de abrirse paso de punta a punta, consumiéndolo todo de un solo flash.
Ya no esperó a una nueva canción. Cogió la radio y empezó a cambiar de emisora, leyendo los nombres que iban apareciendo en la pequeña pantalla de cuarzo y dándoles tres o cuatro segundos antes de zapear. La SER y la COPE estaban muertas y sólo emitían un zumbido siniestro atravesado por las interferencias de alguna tormenta lejana; en Radio 3 se escuchaba una crepitación que podía confundirse, en principio, con alguna de sus melodías de vanguardia. Tampoco había señal en Onda Cero, en Radio Nacional ni en San Froy FM, la cadena local.
En Kiss FM estaba sonando Springsteen; el Pajas no sabía concretar qué canción era, pero aquél era el Boss igual que él era Sergio Andrade de Bahamonde. Aguantó hasta el final de la canción, moviendo las piernas al compás sin darse cuenta. Tras las últimas notas se sucedieron unos segundos de silencio; luego el Boss y la E-Street Band volvieron a cantar la misma canción. Al Pajas se le cayó el alma a los pies; estaba escuchando un programa informático, una grabación. Kiss FM seguiría con el mismo soniquete mientras el grupo electrógeno o los generadores de emergencia siguieran funcionando. Y sin duda le había pasado lo mismo al bueno de Javi Nieves. Estaba escuchando el Plan B de los informáticos, no una emisión de radio a tiempo real.

(...)

11

El locutor parecía ser muy joven, y su voz sonaba cansada y algo nasal, como si estuviera resfriado o a punto de echarse a llorar en cualquier momento; lo cual habría resultado bastante lógico, habida cuenta de las noticias que estaba transmitiendo. La emisión no estaba grabada; cada pocos minutos indicaba la hora oficial –en aquellos momentos, las siete y veinte de la mañana del viernes– para que los posibles radioyentes supieran que Stone FM seguía dando información a tiempo real.
            –Hola de nuevo. Te habla Juan Jiménez, emitiendo desde los estudios centrales de Stone FM, tu radio amiga cerca de ti... aquí, en el corazón de Móstoles y para toda la nación. Seguimos hablando de la crisis mundial que se produjo ayer, minutos antes de las doce del mediodía hora local...
            Juan Jiménez siguió hablando, pero el Pajas se desconectó unos instantes. Las palabras crisis mundial le habían golpeado con fuerza. Una cosa era intuir la realidad y otra que te la pasaran por los morros.
            –...las calles de A Coruña están completamente llenas de muertos. A algunos se los ha llevado la marea y ahora vienen y van... vienen y van... según el vaivén de las olas. Un tuitero de Barcelona puso hace una hora que en la Barceloneta está pasando lo mismo, está todo lleno de gente que flota. Aquí un mensaje de Sheila, operadora de sonido de Stone FM en Barcelona, Stone FM tu radio amiga cerca de ti, nos dice, leo: Nuestros estudios en el Eixample están rodeados por el fuego, han caído varios aviones, uno de ellos en plena Diagonal... ¿será Al Qaeda...?
            Un silencio en la radio. El Pajas miró hacia el cielo, temeroso de que algún avión se pudiera precipitar sobre las avenidas ahora silenciosas de San Froilán. Por suerte para él, aquella ciudad de segundo orden quedaba completamente alejada de las grandes rutas de vuelo que habían convertido otros municipios en ceniza.
            –Otro compañero que nos manda un mensaje por la intranet. Esteban, de Stone FM Algeciras, tu radio... en fin, nos dice Esteban, dice: Estrecho de Gibraltar, colisión en el mar entre dos barcos causa incendio descomunal. Inmensa columna de humo muy negro visible desde muchas millas náuticas. Sin apoyo aéreo de extinción, ni hidroaviones ni helicópteros. Tráfico marítimo en el estrecho interrumpido, no pasan barcos. Densa nube negra se eleva desde el interior del Peñón. Un tercer barco avanza a buena velocidad hacia el naufragio, en dirección salida hacia el Atlántico. Parece ir sin gobierno ni gente en cubierta... Es un ferry de pasajeros con coches. En trayectoria de colisión.
            Nuevo silencio. El Pajas seguía bebiendo whisky y mirando al cielo, repasando las formas de las nubes, aparentemente distraído; como si lo que el locutor estaba diciendo no tuviera nada que ver con él. En realidad estaba luchando por no perder los nervios, obligándose a respirar con tranquilidad y a mantener la mente despejada. Tapó la botella de whisky y, para alejar las tentaciones, la lanzó por encima de la mesa con impaciencia. Cayó sobre el maletín que el ejecutivo muerto en la mesa de al lado había dejado en el suelo.
            En la radio empezó a sonar una música country que tenía muy poco que ver con lo que estaba diciendo el locutor. Hubo una subida brusca del volumen; luego un par de golpes, y por fin la canción desapareció.
            –Os pido disculpas –dijo Juan Jiménez–. No sé qué hostias toqué, que... –su voz sonaba más nerviosa y decididamente nasal, voz de un hombre que se ha encerrado en el cuarto de baño para poder llorar a gusto pero que se ve obligado a salir para atender a una visita–. Es que estoy aquí solo en la emisora. Los demás compañeros han muerto, algunos de ellos están todavía sentados detrás de los controles. Leemos un mensaje en nuestra página de Facebook, nos dice Aroa Constrictor: Avión estrellado, atención, avión estrellado en pleno centro de Segovia. Avión muy grande de Iberia descendió casi en picado e impactó contra el Alcázar. Mucho humo, debe de haber cientos de muertos además de todos los que hay por las calles. El acueducto aguanta bien aunque hay dos personas ahorcadas desde la parte de arriba. Una lleva un letrero pintado que no puedo leer. Yo, escondida escuchando tu conexión. Ánimo... Pues ya lo veis, amigos. Ánimo, nos dicen. Mirad, mi familia ha muerto, mi novia y mis padres, y... en fin –hizo un esfuerzo, que el Pajas alabó, por componer una voz alegre, de profesional–. Otras informaciones nos llegan de otras partes del planeta que ha sido tocado, al parecer, por una tragedia global. Esto no es lo de las Torres Gemelas, esto va más allá de la capa de ozono... Quiero decir... aquí alguien la lió muy parda, y el muy hijo de puta, desde luego, tendrá que pagar por ello... –hubo un silencio mientras Juan Jiménez trataba de rehacerse–. Otras informaciones nos llegan aquí, a los estudios centrales de Stone FM, tu radio amiga cerca de ti... si no te has muerto ya. Leemos las webs internacionales; recordamos que sólo se está actualizando una de cada cien, por eso tenemos que dar información tan fragmentada. En Estados Unidos, el USA Today habla de una pandemia desconocida, una especie de epidemia mundial, y dice que las principales ciudades de América han sido literalmente diezmadas. Cita unas cuantas, entre ellas Los Ángeles, San Diego, San Francisco, Chicago, Houston, Dallas, Boston, Detroit, Portland... aunque no dice si se refiere a Portland Óregon o Portland Maine –rió un chiste que sólo él comprendió y añadió–: y también Berlín, debe de ser que tienen un corresponsal en la zona. Sigue diciendo el USA Today que el río Mississippi está abarrotado de cadáveres flotantes a su paso por Nueva Orleans... de miles de cadáveres en los que los cocodrilos hacen... un gran encarnizamiento... Hay un comentario de un testigo, un americano que se llama Ananías Kerry –estallido de carcajadas, amplificadas por el micro como si se tratase de ráfagas de ametralladora–, que vive en Key Point West y dice que puede ver una inmensa nube de humo proveniente de Nueva York... que cubre el horizonte. Habla de aviones estrellados como el 11-S, pero ahora provenientes de todas direcciones y sin blanco definido. En París... bueno, la web está en francés, vamos a ver... un poco de música y seguimos en Stone FM, tu radio amiga cerca de ti, cuando son las siete horas, cuarenta y tres minutos, del día 23 de octubre. El día después del fin del mundo.
            La voz del locutor fue reemplazada por los acordes melancólicos de una armónica. De nuevo Bruce Springsteen; a todos aquellos cabrones les había dado por lo mismo, pensó el Pajas. Se levantó de la mesa, puso la radio al máximo y se alejó de la cafetería mientras a sus espaldas el Boss empezaba a contar que él venía de la parte baja del valle.


(...)



lunes, 16 de diciembre de 2013

¿Vampiros en Mazarrón?

         Me acaban de informar de que en el próximo mes de febrero Mazarrón acogerá el I Congreso Nacional de Parapsicología. Se hablará de ovnis, psicofonías, de la Sábana Santa... e incluso de vampiros.
         Yo suelo escribir sobre este tipo de temas cuando hago ficción. En la vida real soy absolutamente escéptico. Adoro la Ciencia, la Astronomía... pero no creo que los extraterrestres nos estén visitando -es una cuestión estadística-, ni creo en fantasmas ni en vampiros. Sin embargo, he querido hacerme eco de este congreso por dos motivos:
         - El primero, que he tenido el gusto de grabar con Pedro Amorós (anduvimos a la caza de psicofonías en el interior de la Torre del Espolón de Lorca), uno de los ponentes, y me parece una persona seria, que no se inventa las cosas. Investiga sobre ciertos temas que, en el fondo, nos interesan a todos, y trata de sacar conclusiones. Me parece un investigador serio.
         - El segundo, que no se trata de un evento para sacarle los cuartos a los crédulos: desde la organización informan de que el congreso se celebra sin ánimo de lucro, y que los 10 euros que cuesta la inscripción se destinarán a la Aspadem (Asociación de Padres de Personas con Discapacidad Intelectual de Mazarrón).
         Partiendo de la seriedad de Amorós, y del objetivo benéfico del congreso, os dejo con su programación por si queréis echar el rato escuchando algunas hipótesis sobre los fenómenos paranormales.


Mazarrón más allá

Primer Congreso Nacional de Parapsicología

Días 7, 8 y 9 de febrero de 2014

         Para poder participar en el congreso como oyente, será preciso realizar la reserva con antelación, mediante un ingreso bancario de 10 euros, a este número de cuenta (contactad conmigo y os reenviaré el correo original) poniendo como concepto “Primer Congreso de Misterios MAZARRÓN MÁS ALLÁ”  y adjuntando nombre y apellidos del asistente, y ya estará hecha la reserva… 
         Para evitar cualquier posible confusión a la hora de retirar su credencial al inicio del congreso, aconsejamos que lleven el D.N.I y el justificante bancario.
         Desde el Ayuntamiento de Mazarrón informan de que desde hoy mismo se puede hacer ya la reserva; el aforo es mucho más limitado de lo que quisiéramos, así que quien esté interesado que se dé prisa en hacer su reserva, ya que una vez estén cubiertas las plazas, ya no se podrán hacer más reservas.
         Este congreso se realiza sin ánimo de lucro, por lo que el dinero recaudado irá íntegramente a parar a la institución ASPADEM, desde donde nos ha facilitado el número de cuenta indicado más arriba.
         También queremos facilitar a cualquier persona que quiera colaborar con esta noble causa, que pueda hacerlo, realizando un ingreso (sea la cuantía de dinero que sea) en el mismo número de cuenta indicando en el concepto: “donativo”.

Horario del congreso

Viernes 7 de febrero

         20:00 a 22:00. Recogida de credenciales para los asistentes.
         22:00 a 24:00. Los asistentes podrán presenciar en directo cómo se desarrolla el programa de radio Espacio en Blanco, de Miguel Blanco (Radio Nacional de España) desde el auditorio. La entrada es libre, pero tendrán preferencia las personas que se hayan inscrito en el congreso.

Sábado 8 de febrero

         9:00 a 10:00. Recogida de credenciales
         10:00 a 10:15. Presentación del congreso
         10:15 a 11:15. Conferencia de Pedro Amorós Sogorb: El Misterio de la Psicofonía: ¿Voces de los Difuntos?
         11:15 a 11:45. Descanso. Café
         11:45 a 12:45. Conferencia de Jesús Callejo Cabo: Los mapas imposibles
         12:45 a 13:00. Descanso
         13:00 a 14:00. Conferencia de Alfonso Sánchez Hermosilla: Aportaciones de la Medicina Forense a la Sindonología

         Descanso para comer

         17:00 a 18:00. Conferencia de Lorenzo Fernández Bueno: Vampiros, lo que la arqueología nunca debió encontrar
         18:00 a 18:15. Descanso
         18:15 a 19:15. Conferencia de Miguel Blanco Medrano: Tras las huellas de los dioses

Domingo 9 de febrero

         10:00 a 11:00. Conferencia de Josep Guijarro Triadó: Ovnis: Las evidencias
         11:00 a 11:30. Descanso. Café
         11:30 a 13:00. Mesa redonda con todos los conferenciantes
         13:00 a 13:30. Entrega de diplomas u obsequio a los conferenciantes y despedida del congreso.


domingo, 22 de septiembre de 2013

Un encuentro delirante

            Os dejo con un fragmento de mi manual de estilo para periodistas jóvenes, en el que llevo un par de meses trabajando. Me gustaría haberlo terminado antes de fin de año. Ja vorem.

-------------------------

        Nunca sabes en qué momento puede aparecer la noticia. Allá por el año 2002 me fui a cubrir un suceso en la huerta de Elche. Habían robado en una granja de avestruces, o algo por el estilo. Además de ser una ciudad próxima al cuarto de millón de habitantes, Elche/Elx tiene un término municipal gigantesco, lleno de palmeras -más de medio millón, declaradas en su conjunto Patrimonio de la Humanidad por la Unesco-, de huertas, parcelas, caminos rurales, acequias y bancales.[1]

         Como siempre, íbamos con la información más escueta posible: Robo en granja de avestruces, de manera que llamamos a la Policía Local a ver si nos podían dar alguna indicación. Los contactos informales, al margen de los conductos oficiales, son una lotería; en aquella ocasión nos dijeron que no nos podían dar ninguna información, ni siquiera aclararnos si la granja estaba al Norte o al Sur, y nos remitieron al gabinete de prensa del Ayuntamiento. A cuyo responsable no fuimos capaces de localizar.

         Preguntamos a otros compañeros, llamamos a otras personas, y logramos acotar un poco la búsqueda. La granja de marras estaba por la zona de Torrellano, una inmensa planicie rústica que se extiende entre la ciudad de Elche y el término municipal de Alicante. Cogimos la carretera nacional mirando por encima de las vallas a ver si veíamos asomar algún cuello largo rematado en pico. Luego probamos suerte en otra carretera transitada, de ahí derivamos a un camino entre chalets, luego empezamos a meternos en pistas de tierra, flanqueadas por matorrales y las omnipresentes palmeras...

         El hombre estaba sentado a la sombra de un muro, leyendo un periódico y escoltado por un perrillo que al ver aparecer el coche de la televisión empezó a dar brincos y a amenazarnos con todos los males del Infierno. Bajé la ventanilla, traté de hacerme oír entre los ladridos del perro.
         - ¡Buenas tardes! ¿Hay por aquí alguna granja de avestruces?

         El hombre se puso en pie y miró a los cuatro puntos cardinales. Huertas y más huertas, con la línea horizontal de la autovía allá a lo lejos, hacia el Oeste. Estuvo unos instantes mirando a su alrededor para confirmar lo que ya sabía, y luego denegó con la cabeza.
         - ¡Muchas gracias! -me despedí. El cámara puso la primera marcha y empezó a mover el coche, pero en ese momento el hombre se apoyó en la ventanilla, miró hacia el interior y comentó:
         - Pensaba que habían venido a entrevistarme por lo de Deliranta Rococó.

         ¿El qué?, pregunté yo; y si tienes menos de 40 años es muy posible que te hayas preguntado lo mismo.

         Durante varias décadas, hasta los primeros años ochenta, la editorial Bruguera sacó a los kioscos toda una serie de revistas de humor para niños. Super Mortadelo, Super Zipi y Zape, Super DDT... Unos tebeos en los que las estrellas de aquellos años, Mortadelo y Filemón, el botones Sacarino, Carpanta, Rompetechos... alternaban con otros personajes que no se hicieron tan conocidos. No sé si te sonarán los nombres de Anacleto agente secreto, Gordito Relleno, Doña Urraca, Sir Tim O'Theo, El profesor Tragacanto, Las hermanas Gilda, La familia Cebolleta... o Deliranta Rococó. Ésta era una aristócrata gorda y presuntuosa que siempre acababa metiéndose en líos pese a la sensatez de su ayuda de cámara: un hombre que no era su mayordomo sino su menordomo, porque era muy pequeñito.

         El autor de aquellas historietas -que los chavales de mi quinta habíamos devorado- firmaba como Schmidt, pero en realidad era español[2] y había estado alojado durante mucho tiempo en aquella casa de campo perdida en mitad de la huerta ilicitana, a la que habíamos llegado buscando un robo en una granja de avestruces.
     En mi agenda de contactos de aquellos años lo tengo apuntado, en la letra D:

         Deliranta Rococó: Pedro ***, alojó a Gustavo Schmidt: 96.568...

         Fue un tema que no llegué a desarrollar porque en aquella época hacía, sobre todo, Periodismo de sucesos; pero esta batallita me quedó como ejemplo de la forma tan imprevisible en que puede aparecer una noticia.


[1] Jaume Espinosa, historiador y buen amigo mío, me informa de que hay pedanías ilicitanas que distan entre sí cerca de 40 kilómetros, como Santa Anna y La Marina.
[2] Se llamaba Gustavo Martínez Gómez y nació en Cartagena. Murió en Elche en 1998.  

domingo, 23 de junio de 2013

¿Reconocéis la foto?

Aquí comienza mi tercer relato de la guerra de las arañas... a quien lo ubique le envío mi último e-book.



Podéis responder al reto escribiendo un comentario adjunto a este artículo, mandándome un correo a: antoniomarcelob /a/ hotmail.com, o bien con un tuit: @antoniombeltran

martes, 23 de abril de 2013

La biblioteca de Babel


         El recién llegado era un hombre bajo, calvo, con grue­sas gafas y bigotillo, extrañamente agitado, que bajó los escalones de dos en dos y se sobresaltó al descubrir mi presencia al otro extremo de la galería hexago­nal, apoyado en la barandilla, dando la espalda al pozo de ventilación, del que subía un viento cálido, pausado e inacabable.
         Me saludó con un gesto de su mano blanda, se encaró a una de las estanterías, alargó la mano hacia el tercer anaquel y cogió al azar uno de los treinta y dos libros. Repasó distraído sus páginas uniformes, leyó quizás una o dos de las líneas infinitas, esbozó una sonrisa al encontrar una palabra perdida en aquel caos.
         El hombre jugó a leer durante un rato; aún llegó a pronunciar dos o tres sílabas, carentes para mí de cualquier signi­ficado; aunque sabía, como vosotros también sabéis, que unas millas más a la derecha el lenguaje de los bibliote­carios es dialec­tal, y que con pocas semanas de viaje entre esca­leras y anaqueles, se hace incomprensible.
         Aquel viajero era bi­bliotecario como yo, como todos los hom­bres. Estaba realmente nervioso, muy in­quieto. Al fin, me habló con voz entrecortada, en una lengua dife­rente a la mía. Charlamos por señas del cansan­cio, de los libros...
         Gesticula­mos cansinamente, tratando de transmi­tir una mínima parte de nuestra mínima experiencia de custodios silencio­sos. Nuestras vidas, nues­tros temo­res más profundos -y nuestras esperanzas- ya esta­ban reco­gidos en las páginas de algunos de los volúmenes que pobla­ban las gale­rías ilimitadas, así como su refuta­ción, y la refu­tación de esa refuta­ción.
         Hablamos, en fin, de libros y galerías, él men­cionó una escalera sin peldaños que casi le había matado... Y fue en­tonces cuando vi que aquel desconocido llevaba la Señal, el signo buscado con tantas ansias por generacio­nes y genera­ciones de biblio­te­ca­rios, desde hacía muchos si­glos.
         La Señal era un signo único e incuestiona­ble, más poderoso que toda la biblioteca, que traía consigo el regalo de un rumbo fijo en medio de todo aquel caos, la posibi­lidad de escapar del ocio, de la muerte, del olvido, de la na­da...
         Al verse descubierto, aquel hombrecillo saltó sobre mí rugiendo como una fiera, los dedos engarfiados. Caímos al suelo al pie de las estante­rías, destrozan­do con nuestras patadas algunos de los tomos de los anaqueles más bajos; hasta que conseguí aton­tarle gol­peándole la cabeza con un libro (por unos segundos, antes de que las páginas se llenasen con nuestra sangre, pude leer el inicio de esta histo­ria), y por fin le maté contra la baran­dilla del pozo de ven­ti­la­ción, lancé su cuerpo al viento infinito y me senté en el silencio de mi galería, contem­plando la Verdad.
         Porque ahora la Verdad la tenía yo. Me puse en pie. La Señal, innegable, llenaba mi cuerpo de vigor. Aquel signo que sentía en mi interior era la eviden­cia de la leyenda más anti­gua, la más pros­crita, aqué­lla en la que todos los bibliotecarios habían deseado creer.
         Ahora mi vida tenía sentido, y por vez prime­ra la bi­bliote­ca, que algunos llaman el Universo, había pasado a un segundo plano. Sentía aquella fuerza que me instaba a dejar las galerías donde había pasado toda mi vida, y empezar a recorrer el finito -ilimitado y periódico- hasta donde me diera tiempo, para alcanzar la única y absoluta Verdad.
         Entonces tenía dieciocho años, y ahora tengo cincuenta y nueve. He pasado mi vida caminando, soñando de pie entre los corredo­res bajos, subiendo y bajando escaleras, ho­jeando los libros esquivos, durmiendo de pie y defecando en innumerables gabinetes idénticos, llegando a matar para defen­der mi vida.
         Estoy cayendo. He perdido la Señal, la pequeña fotografía borrosa manoseada por el transcurso de las décadas, sin equivalencia ni cabida posible en tantos millones de libros llenos de páginas llenas de letras. El aire se enrare­ce a tanta veloci­dad. Veo pasar las gale­rías tenuemente iluminadas, las sombras de los anaqueles, los lomos de los volúme­nes... ellos contienen -sin duda- la Verdad, pero no son la Ver­dad...
         Voy a morir. Un joven de mente despier­ta y brazos pode­rosos ha tomado el testigo. Ahora es él quien tiene la Señal. La biblioteca es suya, el universo entero cabe en la palma de su mano.
         En uno de los innúmeros anaqueles que recu­bren los muros de las gale­rías hexagonales hay un libro, un solo libro, en una de cuyas líneas se recoge la Verdad:
         En esta Biblioteca se esconde una Mujer.
 

miércoles, 10 de abril de 2013

Una polémica tuitera


         Ayer se armó en twitter una cierta polémica después de que una cuenta anónima empezase a reírse de los gallegos y a afirmar que Rosalía de Castro no sabía gallego, que no existía buena literatura en esa lengua, y otras afirmaciones parecidas.

         Se trata de la enésima cuenta que pretende hacer parodias, o tuitear con un cierto sarcasmo; en concreto, ésta se llama @masaenfurecida -si no lleva el adjetivo parece que no vale-, y tiene más de 90.000 seguidores.

         Todo empezó cuando, a última hora de la tarde, la persona que se camufla detrás del enfurecida de turno colgó la siguiente frase:

SI EL GALLEGO ES UN IDIOMA, ¿POR QUÉ NADIE ESCRIBIÓ NUNCA UN LIBRO UTILIZÁNDOLO?

         De inmediato empezó la gente, no sólo de Galicia, a decirle que eso no era así. Sacaron a colación a Alfonso X el Sabio y a Rosalía de Castro. Pero el personaje siguió representando su papel, sin saber dónde se estaba metiendo porque cada vez le llegaban más y más críticas.

NO IMAGINÁBAMOS QUE FUÉRAMOS A CAUSAR POLÉMICA EN GALICIA. NO SABÍAMOS QUE YA LES HABÍA LLEGADO INTERNET 

         Los tuiteros empezaron a dividirse en facciones: los que le pedían respeto hacia Galicia; los que se acordaban de su madre enfurecida; los que directamente dejaban de seguir su cuenta... y los que le aplaudían la ironía.

         Nuestro amigo siguió colgando más y más cosas, poniendo de mal humor a sus seguidores, y a quienes no le seguimos pero le acabamos leyendo por los RTs.  

EN TODAS LAS CASAS GALLEGAS HAY AHORA MISMO ALGUIEN DICIENDO: "¿OTRA VEZ RAXO, MAMÁ?". 

GALICIA ES UNA TIERRA DE EMIGRANTES MARCADOS POR EL DRAMA DE TENER QUE QUEDARSE EN GALICIA

En vez de cortar el rollo, trató de meter a más gente en el barullo.  

HOY NUESTRA CUENTA ES COMO GALICIA: SE ESTÁN YENDO GALLEGOS DE ELLA TODO EL RATO. 

DECIMOS ESTAS COSAS A LOS GALLEGOS SOLO PORQUE A ESTAS HORAS LOS ANDALUCES TODAVÍA NO SE HAN DESPERTADO. 

GALICIA ES A ESPAÑA LO QUE LOS EQUIPOS GALLEGOS A LA LIGA : EL PRIMO SIMPÁTICO DEL PUEBLO 

LOS GALLEGOS DE UPYD SON DE UPYD EN EL SENTIDO MÁS PEYORATIVO DE SER DE UPYD. 

Por suerte, ni los andaluces ni los de UPyD quisieron seguirle el juego, de manera que volvió a centrarse en Galicia, aunque a aquellas alturas, en vez del sarcasmo estaba rozando el esperpento. Cuanto más se le decía más gorda la liaba; ahí estaba el juego.

LA PIEDRA ANGULAR DE LA CULTURA GALLEGA ES MARTÍN RIVAS -actor juvenil protagonista de El Internado.  

ROSALÍA DE CASTRO ES UNA FIGURA IMPORTANTE EN GALICIA PORQUE DEMOSTRÓ QUE SE PUEDE SER UNA AUTORA IMPORTANTE SIN SABER GALLEGO 

CASTELAO ES UNA FIGURA IMPORTANTE EN GALICIA PORQUE FUE EL PRIMER HUMORISTA GALLEGO MALÍSIMO DE UNA LARGA TRADICIÓN 

QUE NO SE VAYAN DE INTELECTUALES LOS DE UNA COMUNIDAD QUE TIENE UNA CANCIÓN DE JULIO IGLESIAS COMO HIMNO 

         Entre los tuiteros que seguían polemizando, algunos ya habían pasado a los insultos en castellano y en gallego; otros trataban de rebatirle -Rosalía hablaba muy bien el gallego; el himno de Galicia no es una canción de Julio Iglesias; etcétera.

El hombrecillo seguía huyendo hacia adelante mientras la gente le pedía por favor -o amenazándole con los peores castigos del Infierno- que dejara de hacer el tonto; que aquello ya no era ningún tipo de sarcasmo, sino ganas de molestar y de insultar. Pero, ya se sabe: sostenella y no enmendalla... 

PENSAR QUE SE PUEDE CREAR UNA OBRA LITERARIA UTILIZANDO EL GALLEGO SERÍA COMO PENSAR QUE SE PUEDE HACER MÚSICA CON UNA GAITA 

LA IDENTIFICACIÓN DE LA GAITA CON LA MÚSICA EN GALICIA RADICA EN QUE ES UN INSTRUMENTO QUE PARECE QUE SE ESTÁ TODO EL PUTO DÍA QUEJANDO 

LOS TIEMPOS COMPUESTOS PERMITEN EXPRESAR UNA SERIE DE SITUACIONES O EMOCIONES QUE A VER CÓMO SE LAS EXPLICAS TÚ A UN GALLEGO 

EL GALLEGO MÁS INTERNACIONAL ES DE LEÓN 

AMANCIO ORTEGA SEGURO QUE NO HA LLEGADO A DONDE ESTÁ HABLANDO EN GALLEGO 

Como le dijo un tuitero: se había tirado a una piscina sin agua. Viéndose acosado, el hombre llevaba un tiempo haciendo RT, es decir, reenviando los mensajes a los seguidores que todavía le quedaban, para pedir refuerzos.

Aunque esta cuenta enfurecida no es santa de mi devoción -no es la primera vez que confunde hacer gracia con ser un patoso-, yo mismo tercié en la polémica:

Me sumo al reproche contra @masaenfurecida. Llamar ignorante a un pueblo q ha dado a Cela, Cunqueiro, Torrente Ballester, Rosalía... #enfin

Lo curioso fue que entonces recibí una docena de mensajes de otros tuiteros:

Algunos me dijeron que todo aquello de Galicia era una broma; una ironía sutil. No sé vosotros, pero a mí, por ejemplo... 

PENSAR QUE SE PUEDE CREAR UNA OBRA LITERARIA UTILIZANDO EL GALLEGO SERÍA COMO PENSAR QUE SE PUEDE HACER MÚSICA CON UNA GAITA 

...me parece de todo menos irónico y sutil. Ganas de molestar gratuitamente, y de querer salirse con la suya.

Luego hubo otros tuiteros que continuaron mi sucesión de intelectuales gallegos mencionando a personajes que les parecían despreciables por una u otra razón: sacaron a relucir al general Franco, a Fraga, a Rajoy, al narco Sito Miñanco... Como aquella gente estúpida que años atrás renegaba de los vascos porque habían tenido la desgracia de ser la cuna de la ETA.

A algunos les salió del alma decirme que Galicia no sería tan gran cosa cuando había dado al general Franco, a lo que yo les repliqué que también era la tierra de Pablo Iglesias.

Claro que también había otros que trataban de pincharme -a estas alturas-, diciendo que sí, que Galicia era una tierra de ignorantes y franquistas. A ver si me daba un berrinche...

Si tuviera que sacarle una moraleja a todo esto, es que seguimos siendo el país de sostenella y no enmendalla. De pretender estar de vuelta cuando ni siquiera nos hemos ido. La liamos parda porque pensamos que estamos por encima de la masa enfurecida, y luego, en vez de reconocer noblemente que esta vez hemos metido la pata, que la gente no tiene por qué saber si hablamos en serio o en broma cuando nos metemos con ella... en definitiva, que nuestra intención era ser sarcásticos pero no lo hemos logrado del todo... en vez de hacer quizás algo de autocrítica tenemos que seguir avanzando aunque sea a topetazos.

Es un sistema que funciona a la perfección en los llamados realities: gente que insulta, que falta al respeto y que no se baja del burro porque vive de eso y le viene genial, entre los aplausos de la claque encantada de que haya jarana y el rechazo de muchos que seguimos pensando que, en efecto, la ignorancia es muy atrevida. Sin duda la solución idónea es dejar de seguir este tipo de cuentas, aunque siempre tenemos a alguien que nos reenvía los mensajes. En fin, esta mañana la polémica continuaba y el amigo enfurecido seguía erre que erre, por qué no, entre el bufido de hastío de quienes nos hemos vuelto a encontrar con los retuits y el aplauso malicioso de los que están felices con la bronca, sea en el Twitter o en las tertulias de Jorge Javier. Hasta que les toque a ellos.
 
-----------------




 Este artículo ha tenido una respuesta inmediata por parte de numerosos tuiteros, en su gran mayoría seguidores de @masaenfurecida. De hecho, prácticamente me han duplicado el contador de visitas de Guadaldía -lo que tampoco suponía un gran esfuerzo-.
 
Exceptuando a algún impresentable que me ha tratado de imbécil para arriba, y al que no me he molestado en responder, la gran mayoría han recalcado con educación que los tuits de esta persona son siempre irónicos, y que la culpa es de la gente como yo, que no sabemos reconocer una ironía y saltamos como borricos; que es precisamente lo que pretenden las cuentas como éstas.
 
Quizás la diferencia entre estas personas y yo es que ellas llevan mucho tiempo siguiendo a nuestro tuitero enfurecido, y cuando hace algún comentario, sea más o menos gracioso, ellos añaden: es ironía porque proviene de un emisor irónico.
 
En las tertulias entre lorquinos, muchas veces se gastan bromas sobre lo mal que se habla por esta zona, sin las eses, comiéndonos las vocales... y lo aceptamos, porque -como comentaba algún tuitero- nosotros somos parte del chiste. Es como el negro que le llama negro a un compañero de su propia raza: él se lo puede permitir porque, al estar dentro del chiste, entendemos que se está riendo de sí mismo.

  Sin embargo, si yo entro en Twitter y empiezo a poner barbaridades acerca de los murcianos, antes o después entrará gente que no me conoce de nada, que leerá mis tuits y me llamará al orden. Porque las redes sociales son espacios abiertos que todo el mundo puede leer. Y si veo que se me están quejando miles de personas, muchas de ellas con educación, tendré que disculparme.

 
Lo normal es que a los gallegos no les guste que les digan que Rosalía de Castro no sabía escribir en gallego. No es de monguers protestar cuando lees algo así. No estás demostrando falta de sentido del humor, o de la ironía. Si conoces al emisor, puedes llegar a la conclusión de que lo está diciendo de broma, aunque no te haga gracia. Sé que Bill Cosby es humorista, pero en esta ocasión sus chistes sobre negros y gorilas no me están haciendo ni pizca de gracia; por supuesto, Cosby Enfurecido puede seguir y seguir con sus chistes de negros y gorilas, y añadir alguna burla hacia ese chimpancé de Nelson Mandela... pero eso no significa que la gente a la que le moleste sea toda boba o carezca del sentido de la ironía.
 
En definitiva, me estoy imaginando a nuestro amigo enfurecido plantándose en mitad de la plaza del Obradoiro y gritando: Aquí estoy, rodeado de analfabetos. Y luego explicando que él siempre ironiza de esta manera, y que si le apalean es porque todos son unos monguers con poca capacidad de comprensión. A lo mejor, en ocasiones, la masa enfurecida tiene razones para enfurecerse.


 
(Si tenéis algún comentario que hacer, por favor, buscadme en el twitter. Os agradezco que hayáis seguido mi razonamiento.)
 

domingo, 17 de marzo de 2013

La Muerte visitó Los Alfaques

(Artículo publicado el 22-I-2013 en la web antigua de Guadalentín al Día.)

Hacía mucho tiempo que no me impresionaba un programa de televisión tanto como la emisión de anoche de Cuarto Milenio, de Iker Jiménez. Un periodista serio, que huye del populismo y de las tonterías -en ocasiones auténticas estafas- que proliferan en otro tipo de programas. Ahora entraré más a fondo en el tema, pero os comentaré que salió una persona, dando la cara, diciendo que hace algunos años, mientras circulaba por una carretera por la noche, se encontró en el arcén con un grupo muy extraño de personas, vestidos con ropa de baño aunque era invierno, sin ninguna linterna pese a que era noche cerrada. Aquellas presencias permanecieron sin inmutarse en el arcén, ajenas en apariencia al paso de su coche.

 

Lo que más le sorprendió, lo que le hace sobresaltarse incluso hoy, es que la última persona a la que vio, en vez de rostro tenía un agujero negro. Cuando el hombre llegó al pueblo más próximo detuvo el coche, despertó a su mujer y le contó lo que acababa de ver. Ella le respondió que acababan de pasar junto al camping de Los Alfaques, donde en los años setenta casi trescientas personas murieron carbonizadas por la explosión de un camión cisterna. La deflagración fue tan potente que el agua de la playa, que estaba a pocos metros del lugar del siniestro, comenzó a hervir.

 

Para los que ya no cumplimos los treinta años, Los Alfaques es un nombre que nos suena; una referencia triste, trágica, que a lo mejor no conocemos con todo detalle, pero que se suma a otros nombres de ciudades. Seveso, Biescas, Bhopal... Sitios en los que, cuando éramos niños, pasó algo muy grave. Leo en Internet que los dueños del camping de Los Alfaques se han querellado contra Google, nada menos, porque afirman que ese buscador pone en primer plano todas las noticias y fotos relacionadas con aquella tragedia de la que ellos no fueron responsables sino víctimas. Y es inevitable. Por cada persona que quiere reservar una plaza en ese camping de Tarragona, hay diez o veinte, o cien, que buscan información sobre la tragedia que puso el establecimiento en la historia negra de las desgracias. Me temo que pasará algo similar con el nombre de Lorca, que por cada persona que busca información sobre la Semana Santa, habrá cien que querrán saber algo más sobre los efectos de los terremotos. Es injusto, y es muy desagradable, pero es inevitable. Pasó lo mismo en los años ochenta con los que se apellidaban Tejero, como el golpista, o en los noventa con los Roldanes, como el ladrón.

 

El camping de Los Alfaques es un establecimiento ubicado junto al mar, a muy poca distancia del municipio tarragonés de Sant Carles de la Ràpita. El negocio sigue funcionando, porque, insisto, no tuvo absolutamente nada que ver con aquella tragedia. Simplemente, ellos y sus clientes fueron las víctimas de la fatalidad, y de la chapuza humana.

 

El 11 de julio de 1978, a eso de las dos y media de la tarde, un camión cisterna cargado con gas que iba hacia Alicante reventó justo cuando circulaba por la nacional N-340 al pasar por delante del cámping de Los Alfaques, provocando una onda expansiva que hizo subir las temperaturas hasta los 2.000ºC en algunos puntos, haciendo hervir el agua del mar en determinado punto, y calcinando a cientos de personas que estaban en las instalaciones del camping. Hubo cerca de 160 muertos en los primeros segundos, y otros tantos murieron en las horas y días sucesivos como consecuencia de las heridas.

 

El camión cisterna estaba cargado con propileno licuado, un gas inflamable. Parece ser que llevaba más toneladas de las permitidas, por lo que la presión fue aumentando en exceso, con el añadido de que era verano y el vehículo llevaba tiempo al sol. En aquellos años no había tantos mecanismos de seguridad, como válvulas que dejasen escapar el exceso de presión. Tampoco existían las normas de circulación actuales que impiden el paso de ese tipo de camiones por el centro de las ciudades y les obligan a ir por autovía o por itinerarios alternativos. En este caso el camionero, que también murió en el acto, parece ser que optó por cruzar el pueblo de Sant Carles de la Ràpita siguiendo la carretera nacional en vez de utilizar la autopista A-7 (actual AP-7), porque en su empresa no le pagaban el peaje. Insisto; en aquellos años aquello de ir por el peaje se vería como un lujo innecesario; no era ilegal meterse por el pueblo (sí lo era cargar el camión con más toneladas de gas, evidentemente).

 

No hay exageración al decir que la Muerte sobre ruedas arrasó el cámping. Tras ver el programa de Cuarto Milenio de anoche he repasado el tema, y he visto imágenes terroríficas, emitidas por TVE en su momento y aparecidas en las portadas de las revistas de entonces. Planos que, desde luego, hoy no nos atreveríamos a sacar. Yo mismo, como periodista, he dejado imágenes mucho más suaves en el tintero, empezando por nuestra propia explosión de gas, la que se produjo el año pasado junto a la Venta de la Petra, de la que Alejo Lucas y yo mismo, y nuestros cámaras, podríamos decir algunas cosas. En aquellos tiempos salían cosas así. La pobre Irene Villa justo después del coche bomba, los guardias llenos de sangre de Zaragoza... luego nos fuimos haciendo todos más moderados, aunque a veces parezca lo contrario; hoy es impensable sacar en la tele un muerto. Un muerto de procedencia occidental, por supuesto. Si son africanos o palestinos, la cosa cambia...

 

La tragedia de Los Alfaques marcó a miles de personas. Y ahora viene lo misterioso. Anoche, como decía, una persona con nombre y apellidos se atrevió a dar la cara en la televisión y contarnos lo que os decía al principio del artículo, lo que amplío ahora.

 

Sería la una y media de la mañana; mi familia y yo íbamos de viaje por la antigua carretera nacional, bordeando el mar. Mi mujer y mi hija iban dormidas, y yo atento porque se trataba de una zona por la que no había circulado nunca. En un momento dado puse la luz larga, porque no venía tráfico de frente. Entonces vi, en el arcén izquierdo, junto a una pinada, a un grupo de siete u ocho personas. Algunos eran adultos, otros niños. Vestían con ropas impropias del invierno. Pantalones cortos, un niño en bañador, vestidos de verano... Tampoco llevaban ninguna linterna aunque era noche cerrada. Pasé a su lado sintiéndome intranquilo, porque aquella gente permanecía en pie, sin hablar ni moverse, como si no me estuvieran viendo pasar. Sólo estaban allí, quietos en medio de la noche, sin luces. De pronto me fijé en que la última figura del grupo era un hombre que no tenía cara; en vez de rostro tenía un agujero negro.

 

Aguanté al volante hasta que alcancé las luces del primer pueblo, que resultó ser Sant Carles de la Ràpita. Entonces paré el coche y desperté a mi mujer, que se asustó al verme tan espantado. Le conté lo que acababa de ver, y ella se quedó blanca y me preguntó si no sabía por dónde acabábamos de pasar; al decirle que no tenía ni idea, me explicó que habíamos pasado junto al cámping de Los Alfaques, el lugar en que más de trescientas personas habían muerto de una manera aterradora.

 

Un testimonio tremendo, que, según Iker Jiménez -insisto, un profesional que me parece serio y honrado- no es el único. De hecho, Cuarto Milenio aportó otros testimonios, algunos de ellos a cara descubierta, que decían que han visto figuras inmóviles en medio de los pinos, incluso unos fantasmitas que se aparecen con cierta frecuencia y que han denominado los niños del cubo, porque se presentan con su cubito de la playa...

 

El tema me impresionó muchísimo; voy a confesar que esta noche he tenido una pesadilla en la que esas personas del arcén me perseguían; un sueño terrible. Hacía muchísimo tiempo que no soñaba con una película de miedo o un programa inquietante. El testimonio que escuché me dejó helado, y la suerte fue que no pude acabar de ver el programa de Iker porque tuve que acostar a mi hija.

 

Con independencia de lo que podamos creer acerca de este tipo de fenómenos, yo tengo una cosa muy clara: aquel hombre que anoche estaba hablando en la tele no ganaba nada aportando su testimonio. En el mejor de los casos, que piensen que es un aprovechado, un jeta que quiere hacerse famoso por unas horas y tener la experiencia de salir por la tele. Pero tiene mucho que perder: el hombre que contó anoche que había visto fantasmas tendrá parientes, amigos; hijos que luego tendrán que aguantar las bromas en el patio del instituto. Jefes que le van a poner en el punto de mira por salir contando historias de fantasmas. Clientes ante los que perderá su credibilidad. Hoy en día, salvo los frikis profesionales, nadie sale ganando nada en absoluto por contar en público que hace diez años vio fantasmas en la carretera. Y aún hay más, porque le pueden acusar de estar frivolizando con una auténtica tragedia que se saldó con trescientos muertos y otros tantos heridos. Meterse en un bar, pedirse un cortado y que se levante de su mesa y le plante cara un hombre que perdió a su padre, o a sus hijos, en Los Alfaques, y que le haya sentado fatal esa historia de los niños con el cubo de la playa.

 

Doy por sentado que esta clase de personas, gente como nosotros, seria, responsable, sin ganas de meterse en líos ni ser tomada por charlatanes, se cree de verdad lo que está contando. A este señor parece que lo que vio aquella noche en Los Alfaques le ha amargado un poco la vida; dice que no hay día en que no recuerde aquella terrible visión de los campistas impávidos.

 

Por supuesto, la Ciencia tendrá explicaciones. La sugestión. Un hombre de treinta y tantos años, como tendría aquel señor, ha oído hablar de Los Alfaques alguna vez en su vida, aunque no se acuerde. Sería un niño de siete años que vio los cadáveres calcinados por la tele en los tiempos del UHF; un adolescente de quince que lo leyó fugazmente en El Caso. Incluso lo puede haber escuchado de fondo en la radio de un taxi sin ser consciente de que su cerebro estaba tomando nota. De manera que cuando dice que no sabía lo que había pasado en Los Alfaques se equivoca: su cerebro lo tiene apuntado como nota a pie de página, para soltarlo en el momento adecuado.

 

El hombre también dice que no sabía que estaba pasando por delante de Los Alfaques; una explicación científica diría que, sin duda, unos kilómetros antes habría tenido que encontrarse con algún cartel, aunque fuera el de un restaurante o un taller. Hay miles de estímulos que nos pasan desapercibidos, pero que nuestro cerebro va apuntando. Vas conduciendo, llevas cien o doscientos kilómetros a tus espaldas; es de noche, estás cansado. Has visto de reojo un cartel que pone Cámping Los Alfaques 30 km., tu cerebro ha atado cabos y ha sacado del olvido aquel telediario que viste hace quince años, aquellas imágenes de cuerpos quemados y coches ennegrecidos, de los que te olvidaste diez minutos más tarde porque acababa de empezar La vuelta al mundo de Willy Fog. Sigues conduciendo, distraído viendo las olas que rompen a los pies de la carretera, mientras tu cerebro ha tomado nota de que estás cerca de aquel sitio llamado Los Alfaques donde estaban aquellos muertos. De repente ves de refilón el perfil de una caravana aparcada, o una tienda de campaña entre los pinos... y tus ojos cansados, adormecidos, ven una serie de siluetas en medio de los pinos, mientras tu cerebro esconde la mano y dice que por favor, que él no se está inventando nada; que eso está pasando de verdad. Que él no sabía nada de quemados ni de Alfaques. Y ahí tenemos a un hombre honesto, atormentado por una visión que para él es tan real como la cara que le mira cada mañana al otro lado del espejo mientras se lava los dientes.

 

O quizás... Mi mujer dice que los fantasmas pueden ser algo así como impresiones fotográficas. En un lugar donde se libera de pronto tanta energía, pueden quedar señales. Igual que entre las raíces de los pinos encontraríamos brasas, igual que en el interior de los troncos habrá burbujas con el gas que explosionó aquella noche, es posible que el propio suelo, o el aire, conserven ciertas huellas. Sombras que de vez en cuando se vean con más fuerza.

 

No sé. Lo que sí quiero confesaros es que yo mismo tengo una psicofonía grabada hace unos años. Una noche sin gente alrededor, en un antiguo sanatorio infantil en la cima de una colina. Tres hombres pusimos una cinta virgen en un cassette, y cuando la escuchamos oímos, perfectamente, una voz de mujer que dice: Estoy. No es un crujido, es un susurro nítido, inequívoco. ¿Un simple crujido de la casa, una foto de otros tiempos, un fantasma que nos quiso saludar? La psicofonía la tomamos en el Preventorio de Aigües (Aguas de Busot), en Alicante, donde otras gentes dicen que han grabado, o fotografiado, cosas que, sencillamente, no saben lo que son. Yo tampoco lo sé.